Mostrando entradas con la etiqueta Primer ciclo/cursos anteriores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Primer ciclo/cursos anteriores. Mostrar todas las entradas

Un museo en el Instituto

[slideshare id=1253547&doc=unmuseoenmiinstituto-090406050424-phpapp01&w=425]

Nuestra selección de poemas

En la SEMANA DE LA POESÍA hemos querido llenar el Instituto de todo tipo de poemas. Primero, los hemos seleccionado; después, nos los leemos los unos a los otros; y luego, los recitamos, los cantamos, los exponemos, los entregamos para marcadores de libros, nos los dedicamos y, algunos, los vivimos.


Y finalmente, los iremos escribiendo en nuestro blog (Pulsa en la imagen)


Las lágrimas de Shiva

Las Lágrimas de Shiva

Este libro de César Mallorquí, publicado en Edebé, nos cuenta la historia de Javier, un chico de 15 años, a quien sus padres le obligan a veranear a Santander.  Allí , en la mansión de Villa Candelaria, convive con sus tíos y sus cuatro primas: Rosa, Margarita, Violeta y Azucena.

Un día Javier, gran lector de ciencia ficción, preguntó a su prima Violeta qué eran las lágrimas de Shiva y quién era Beatriz Obrégon. A partir de ese momento y de las extrañas circunstancias que rodean la presencia de un fantasma, el olor a nardos, la rivalidad entre dos familias, el descubrimiento de algunas pistas, y la aparición de Amalia, el interés va aumentando y la intriga nos obliga a llegar hasta el final.

El príncipe de la niebla

"Habrían de pasar muchos años antes de que Max olvidara el verano en que descubrió, casi por casualidad, la magia. Corría el año 1943 y los vientos de la guerra arrastraban al mundo corriente abajo sin remedio (...)"

Así empieza la novela de Carlos Ruíz Zafón, quien nos cuenta en esta, su primera novela, una historia de intriga, de misterio. Y junto a la familia de los Carver, que acaban de estrenar una nueva casa, aparecen una serie de personajes que van completando la historia:  las estatuas cercanas, el farero, Roland, el espíritu de Jacob,  y ...  "EL PRÍNCIPE DE LA NIEBLA".

El Medallón perdido

Ana Alcolea, la autora de este libro, nos plantea una situación especial para conocer África y todo lo que hay detrás de un medallón perdido.

[caption id="attachment_566" align="aligncenter" width="148" caption="El Medallón perdido"]Ana Alcolea[/caption]

El protagonista de este libro es Benjamín, un chico de Madrid que tiene 15 años, y que es huérfano de padre. Su madre quiere borrar todos los recuerdos de su marido que murió en África cuando pilotaba una avioneta que hacía vuelos comerciales.
El verano del 95 iba a ser muy recordado, porque Benjamín acabó 3º de la ESO y porque su madre intentó rehacer su vida con otro hombre, Jorge, un cirujano de Madrid. Y mientras su madre planea irse de vacaciones a Santander, a Benja se le permitirá  ir con su tío Sebastián a pasar los dos meses de vacaciones en Gabón.

Y ahí empieza la búsqueda del medallón perdido que perteneció a su padre .....

El Pan de la guerra

[caption id="attachment_570" align="aligncenter" width="183" caption="El pan de la guerra"][/caption]

Debora Ellis, antes de escribir este libro, pasó bastante tiempo hablando con mujeres y niñas afganas en los campos de refugiados de Pakistán y Rusia.


A partir de ahí, y de su compromiso social, escribió esta novela, cuya protagonista, Parvana, tiene que "transformarse" en chico para poder salir a la calle y seguir subsistiendo. Kabul, la capital de Afganistán, es el lugar; el tiempo, la época del gobierno de los talibanes.


El tema de la amistad, del amor a la familia, de la injusticia, de la supervivencia, de la intolerancia y de la guerra son algunas claves que pueden hacernos reflexionar en esta sociedad consumista, llena de lujos superfluos y de un egoismo exacerbado.

Konrad o el niño que salió de una lata de conservas



Este libro de Christine Nöstlinger lo hemos acabado de leer ahora. Y ya vamos a empezar con el siguiente (El Valle de los lobos, de Laura Gallego).

No queremos explicar nada ni del argumento, ni de los personajes. Y si quieres saber si nos ha gustado, empieza a leer nuestros comentarios. Seguro que descubrirás por qué algunos nos lo hemos pasado tan bien........

El Valle de los lobos


vallelobos.jpg



Crónicas de la Torre es una trilogía de fantasía compuesta por El Valle de los Lobos, La maldición del Maestro y La llamada de los muertos. Desde que se publicó el primero de los libros, hace ya seis años, esta serie ha conquistado los corazones de muchos lectores.


Después salió  una Edición Especial para coleccionistas, que incluye, también, Fenris el elfo, una novela ambientada en este mismo mundo, con uno de sus personajes más emblemáticos como protagonista.

Danny, el campeón del mundo


Danny


Este libro tiene ya una tradición en este Instituto y en 1º de ESO. Lo empezamos con mucha ilusión y lo acabamos en seguida. La lectura fue muy bien y el entusiasmo iba creciendo a medida que empezaba la caza furtiva en el bosque. Y Danny tuvo una idea excepcional para ayudar a su padre.


Recordamos que, además, de la lectura, trabajamos en presentaciones con formato Power Point la vida y la obra del autor. Y también del ilustrador, Q. Blake.
quentiblake4.gif

Intercambio con un inglés



En 1º de ESO estamos ahora leyendo”Intercambio con un inglés” (hemos leído ya “Danny, el campeón del mundo” y “Ojo de Nube“-con el que trabajamos también aspectos relacionados con plástica-).El libro se ha elegido por la experiencia positiva del curso anterior y porque Ewald, narrador y protagonista, cuenta, en primera persona, sus experiencias en casa, en el cole, lo que le pasa con sus padres, con los estudios, con su hermana y, en fin, lo que le puede pasar a cualquier chico de una edad parecida a la vuestra. 
intercambioconuningles.jpg


¿Quién aprueba todo con buenas notas? Pues Ewald, que es buen estudiante, pero como a algunos de vosotros, no se le da muy bien el inglés. Por eso su madre toma una decisión: que Ewald haga un intercambio. Pero las cosas no ocurrirán como su madre había planeado.

…. Y ahora, en estos momentos, sabemos por qué Jasper es como es; su infancia le ha marcado y Ewald y Bille le comprenden.

Escribe tu opinión sobre lo que has leído hasta ahora y cuenta si te gusta, si te lo pasas bien leyéndolo, si te identificas con Ewald, si te resulta simpático Jasper, etc. etc.


Despedida

Si muero.
dejad el balcón abierto.



El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo.)



El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento.)



¡Si muero,
dejad el balcón abierto!



(García Lorca)

Romance de las tres cautivas

En el campo moro,
entre las olivas,
allí cautivaron
tres niñas perdidas;
el pícaro moro
que las cautivó
a la reina mora
se las entregó.
- Toma, reina mora,
estas tres cautivas,
para que te valgan,
para que te sirvan.
- ¿Cómo se llamaban?,
¿Cómo les decían?
- La mayor Constanza,
la menor Lucía,
y la más chiquita,
la llaman María.

Constanza amasaba,
Lucía cernía,
y la más chiquita
agua les traía.

Un día en la fuente,
en la fuente fría,
con un pobre viejo,
se halló la más niña.
- ¿Dónde vas, buen viejo,
camina, camina?
- Así voy buscando
a mis tres hijitas.
- ¿Cómo se llamaban?
¿Cómo les decían?
- La mayor Constanza,
la menor Lucía,
y la más pequeña,
se llama María.
- Usted es mi padre.
- ¡Tú eres mi hija!
- Yo voy a contarlo
a mis hermanitas.
- ¿No sabes, Constanza,
no sabes, Lucía,
que he encontrado a padre
en la fuente fría?

Constanza lloraba,
lloraba Lucía,
y la más pequeña
de gozo reía.

-Anónimo-

La niña que se va al mar


¡Qué blanca lleva la falda
la niña que se va al mar!



¡Ay niña, no te la manche
la tinta del calamar!



¡Qué blancas tus manos, niña,
que te vas sin suspirar!



¡Ay niña, no te las manche
la tinta del calamar!



¡Qué blanco tu corazón
y qué blanco tu mirar!



¡Ay niña, no te los manche
la tinta del calamar!




Rafael Alberti

Tristes guerras

Tristes guerras
si no es amor la empresa.


Tristes. Tristes.



Tristes armas
si no son las palabras.


Tristes. Tristes.



Tristes hombres
si no mueren de amores.


Tristes. Tristes.




"Cancionero y romancero de asuencias"


(Miguel Hernández)

La Tarima y otro relato - David Serrat

Incluimos aquí dos relatos de un alumno de 1º de ESO. Estos relatos pueden verse también en formato álbum (en calaméo):

RELATOS DE CLASE

1.- SE BUSCA VIGILANTE PARA RESIDENCIA

2.- BAJO LA TARIMA DE CLASE











Se busca vigilante para residencia

Personas interesadas, a poder ser muy competentes

y con experiencia, llamad al: 614 86 16 02

Yo siempre me he considerado una gran persona; siempre he sido muy amable con los demás, bastante bondadoso, y me tomo mi trabajo muy en serio. Pero, pese a mis virtudes, siempre he sido consciente de dos defectos que jamás pude superar: mis problemas económicos, y el ser muy curioso. Es algo inevitable; todo aquello que desconozca, tengo que tocarlo, o verlo de cerca. Quizás alguna vez he oído una conversación que me ha llamado la atención entre dos personas, a las cuales no conozco de nada, y no he podido abstenerme de hacer preguntas acerca de lo que están hablando.

Como era mi costumbre, por la mañana iba a una pequeña taberna que había cerca del edificio donde residía. Aquel día, un hombre con un largo cabello rubio tenía un periódico entre sus manos, en el cuál vi unos títulos que llamaron mi atención.

Por suerte para mí, el hombre se levantó de su asiento, y se dirigió al cuarto de aseo. Era mi oportunidad; me levanté de la mesa donde estaba tomando mi café, y me dirigí al lugar donde se encontraba el diario.

De pronto, mi vista se dirigió hacia un simple anuncio publicitario en el que se buscaba a un vigilante para una residencia, y donde se incluía un número telefónico. No aguardé un instante, arranqué un pequeño trozo de papel del periódico y anoté el número con un bolígrafo. Regresé de inmediato a mi mesa, antes de que el hombre volviese a su lugar.

Aquel trabajo era perfecto para mí; un hombre capaz de permitirse vigilancia en su residencia podría arreglar mis problemas económicos, si el sueldo era bueno, y mi costumbre de curiosearlo todo me ayudaría a conocer incluso el lugar más recóndito de aquella mansión en muy poco tiempo.

Esa misma tarde llamé al número. Una voz ronca que provenía de un hombre llamado Fred Lawrence me respondió. Fue una conversación breve, únicamente me dijo su nombre, y propusimos un lugar donde hacer la entrevista.

Nos reunimos en una cafetería cercana a su mansión. Fred Lawrence era un hombre de tercera edad, un poco entrado en carnes, con el pelo canoso y la piel un tanto oscura y arrugada. Durante la conversación, me hizo preguntas propias acerca de mi forma de ser, que respondí con sinceridad. Ni siquiera me pregunto mi nombre. Finalmente, decidió asignarme un turno nocturno. Aquel mismo día ya podría comenzar a trabajar.

Entré en la residencia. Frente a la puerta se hallaban un uniforme y un candil. El hombre, Fred, ya se había acostado. La casa estaba a oscuras, y mi trabajo consistía en pasear el candil por aquel amplio salón y aquellos largos pasadizos. Debía de llevar una hora en la mansión cuando decidí echar un vistazo a un antiguo buró, hecho de una madera muy fina, sobre el cual se encontraban un montón de documentos y fotos esparcidas.

Aquella gente que aparecía en los documentos y fotografías parecía ser su familia; su difunta esposa; Midna Smith, sus hijos; Carl y Moe, un gran número de hermanos que debió de tener...

Poco después, encontré un árbol genealógico. Lo primero que hice, fue buscar el lugar donde se encontraba mi actual jefe, Fred. Un terrorífico grito recorrió toda la mansión el momento en el que leí, junto a su nombre, las siguientes fechas: (1892-1968).

¡Oh, Dios mío! ¿Cómo podía ser? ¡El hombre que me había encargado un trabajo había fallecido hace más de cuarenta años! Exaltado, quise comprobar la existencia de algún otro barón llamado Fred en la familia Lawrence.

No resultó haber ninguno más. De repente, la gélida mano de aquel hombre se posó sobre mi hombro. Otro grito aterrador, esta vez acompañado de un fuerte llanto, resonó por las paredes. Tras esto, salí de un salto por la ventana, y regresé a casa a pie.

Al día siguiente, volví a pasar cerca de aquella mansión. No vi a nadie en ella. Al lado, había un cartel en el que aparecía grabado: “Antigua residencia Lawrence, en venta desde 1990”. Me quedé un rato especulando sobre aquello, y vi cómo el viento zarandeaba las hojas de un periódico, que acabó bajo mis pies. En aquel periódico se hallaba el anuncio. Pero ahora lo hojeé más detenidamente, y puse especial atención en la fecha del diario; 10 de marzo de 1887.

********

Bajo la tarima de clase

Mi nombre es Juan Carlos Reyes, soy un veterano y experimentado profesor de secundaria.   En un principio, yo era profesor de una escuela. Pero, tras la desaparición de Enrique Campos, un antiguo profesor que daba clases en el mismo aula que estoy dándolas yo actualmente, me pidieron que le sustituyese.

Sería uno de aquellos últimos días del curso escolar, a partir de las cinco de la tarde, cuando estaba en la clase, sin compañía, corrigiendo tranquilamente los exámenes que los alumnos habían realizado aquel día. Me levanté un momento para ir al cuarto de baño, de pronto, una de las tablas de madera de la tarima que había cerca de mi mesa crujió. Lo ignoré y seguí caminando, otra de ellas se tambaleó, me detuve unos instantes, y continué lentamente hasta que, finalmente, la última tabla se partió en dos y caí dentro.

No estoy completamente seguro, pero podría afirmar que quedé inconsciente durante la caída. Cuando desperté, estaba completamente desorientado. Me costó un tiempo reconocer el lugar en el que me encontraba. Al parecer, estaba en un oscuro y siniestro sótano, donde había un par de centímetros de agua que dejaron mi ropa muy húmeda. Era algo que jamás había podido imaginar, ¿cómo podía haber algo tan profundo, bajo la tarima de clase?

Desde allí, podía divisar en el techo un enorme agujero por donde penetraba la luz, seguramente por el que caí, pero me era imposible alcanzarlo a tal altura. De modo que continué caminando, guiándome por un estrecho pasadizo que descendía lentamente, donde el nivel del agua era bastante considerable. De pronto, una repugnante bestia de pequeño tamaño, con unos afilados colmillos, hocico achatado y unas enormes alas peludas sobrevoló mi cabeza, emitiendo un chillido aterrador, lo cual me llevó a zarandear las manos en el aire y gritar como un desesperado, con el fin de ahuyentar al animal. Durante el camino, otro pequeño animal se cruzó conmigo, de un modo muy similar al anterior, con unos chillidos más intensos, aunque este último carecía de alas, y por tanto, no me sorprendió tanto su aparición.

Finalmente, llegué a una misteriosa cámara. Estaba iluminada por unas antorchas, y decorada con unas aterradoras y espeluznantes esculturas, semiderruidas, que parecían representar criaturas mitológicas, como gárgolas o arpías. Cientos de especímenes, como los que me habían atacado y sorprendido anteriormente, se encontraban esparcidos por todos los rincones de la sala, los cuales ahora quedaban al descubierto bajo la luz, que parecía molestarles.

Tan pronto como descubrí que en una de las paredes había unas inscripciones en latín, me puse a traducirlas: “Si quieres encontrar el tesoro, sigue las instrucciones que diste a tus pupilos. En la pared de la derecha, encontrarás un pasadizo secreto. Recuerda, ¿qué debes hacer para acceder?”.

La respuesta era muy sencilla para mí. ¡Tenía que llamar antes de que me atendiesen! Me dirigí a la pared, y di dos toques suaves en la puerta. De pronto, un enorme fragmento de piedra que cubría la pared se derrumbó, y dejó al descubierto un estrecho pasillo.

En el suelo, había otras inscripciones: “Decenas de bestias siniestras acechan ocultas la aparición de una víctima, recuerda cómo debes cruzar el pasillo para no ser atacado”.

¡Otra respuesta muy sencilla para mí! ¿Cuántas veces habré repetido a mis alumnos que no deben correr por los pasillos? Caminé muy lenta y sigilosamente. Llegué al final del pasillo sin encontrarme con ninguna de las mencionadas criaturas.

Llegué a una enorme cámara, muy distinta a la anterior, en esta yacían tres piedras rúnicas  encaradas hacia el pasadizo por el que había accedido. Al fondo de la sala, había unas escaleras de piedra, en muy mal estado, que conducían a un gran cofre dorado, bajo estas, había un enorme agujero. En la primera piedra, que estaba frente a mí, se encontraba la última inscripción: “Debes llegar siempre con puntualidad”.

De pronto, unos cuantos fragmentos de piedra se desprendieron del techo de la habitación y se estrellaron contra el suelo. Dos enormes trozos de roca bloquearon el pasadizo, y el suelo comenzó a temblar, ¡tenía que huir hacia las escaleras! Me apresuré en llegar al cofre, los peldaños iban cayendo, uno a uno, a medida que posaba mi pie sobre ellos, y desaparecían en aquel abismo del que no podía verse el final.

Conseguí ascender las escaleras hasta llegar al cofre, y cuando lo abrí el derrumbamiento cesó. ¿Qué podría hallar, en un cofre de esas dimensiones? ¿Tal vez oro, tal vez joyas antiquísimas o reliquias? ¡Podría volverme millonario, planear un viaje y no volver a trabajar nunca más!

Qué enorme decepción me llevé. Lo único que encontré en el interior del cofre fue una anotación hecha en un trozo arrancado de la hoja de un cuaderno, donde, con una letra casi ilegible y de muy mala caligrafía, habían escrito:

“Si has logrado abrir este cofre, ¡debes saber que Enrique Campos se te ha adelantado!”.

¡Increíble! ¡Había hecho todo aquello, había descifrado tantos escritos en latín, superado tantas pruebas, y corrido tantos riesgos para ser humillado por alguien que se había llevado mi tesoro! Mi cólera me condujo a golpear el fondo del cofre con un puño, y de lo cual me arrepentí.

Me fijé en un pequeño agujero que había sobre el techo, del cual colgaban unas escaleras de cuerda que subí, por las que es muy probable que huyese Enrique, años atrás. Aparecí por una trampilla semiabierta que había en el escenario del salón de actos del instituto.

Seguramente, la desaparición de Enrique Campos se debiese a un viaje a una isla tropical que pudo pagar con lo que encontró, donde ahora debía de estar relajándose frente a las olas del mar y tomando el sol, como hubiera hecho yo, de conseguir el tesoro.

David Sarrat González, 1ºB

ROSBAL (Nestor Ibarz)

-ROSBAL-

Rosbal era su otro nombre, su personalidad secreta. Cuando estaba sola,  no le gustaba la compañía; tampoco cuando estaba triste o cuando estaba alegre, o sea, casi siempre, Miriam se sentaba en un rincón y se ponía a imaginar la trepidante vida de Rosbal.

Era una tarde de verano, de esas en las que no apetece hacer nada, cuando sonó el timbre de mi casa, y apareció mi tía Doris que, como cada lunes, venía  a hablar con mi madre de sus cosas: ropa, enfermedades y maridos.

-¡Ya no aguanto más! – pensé, y cerré los ojos.

 

Aparecí en una isla desierta, y de pronto vi  algo grande  que venía hacia mí. Más tarde supe que se trataba de un barco pirata enorme.

 

- ¿Quieres que te llevemos a dar una vuelta?- me gritaron desde arriba.

Yo dudé, pero al final me dije ¿Y por qué no?

-¿Cómo te llamas?

- Yo, Rosbal, ¿y usted?

-¡Oh, vaya ¡¡Cuánto tiempo hacía que no me trataban de usted! La gente ya me ha perdido respeto…En fin, llámame Capitán.

 

Me dieron muy bien de cenar y me acosté pronto; pero me levanté sin que me vieran y me fui a investigar por el barco. Era increíble, en todo aquel barco, que era enorme, parecía que solo estuviera yo, y decidí volverme a acostar.

A la mañana siguiente me encontré con el capitán muy enfadado y me dijo:

 

-Anoche te vi rondando por el barco, y tengo malas noticias para ti.

-¿Cuáles?

- Este barco está maldito desde el principio de los tiempos, pero su maldición solo afecta de noche a los que salen de su camarote; entonces nos comemos a los malditos; siento no habértelo dicho antes, pero somos piratas y nos comportamos como tales, así que no queda más remedio que comerte para evitar que nos transmitas tu maldición. ¡Adelante muchachos! ¡Tenemos carne fresca!

 

Vi a más de dos centenares de personas; como cambiaba aquello de la noche a la mañana, y nunca mejor dicho. Eché a correr desesperadamente, pero aquel barco parecía no tener fin, y, cuando ya llegaba al extremo, me quedaba atónito, sin saber qué hacer. Correr no tenía sentido, así que decidí parar en seco, pero me pasé de frenada: di una vuelta a la valla que cubría el borde del barco y caí de cabeza al mar. No sabía nadar, y sentí un cosquilleo como si un tiburón acariciase mis pies. Sentí pánico, un pánico que se esfumó  cuando advertí un agujero en su cabeza. Era un delfín, pero no un delfín cualquiera, no, era Rodolfo, mi amigo Rodolfo.

 

-¡Rosbal! ¿Qué haces tú por aquí?

-¡Rodolfo! ¡Otra vez me has salvado la vida!

 

Me subí a su lomo y me acercó hasta la orilla. Yo sólo quería descansar.

 

-¡Miriam!, ¡Ve a despedirte de tu tía!

Justo después de que tía  Doris atravesara la puerta, unos niños le dieron un empujón; y escuché unas palabras que me resultaron familiares:

-¡Malditos niños, me los comería!